Este fin de semana ha resultado bastante tranquilo y hogareño, muy en mi línea (ja).
El viernes fui al concierto de las Chicks on Speed, que supuestamente empezaba a las 21:00, pero llegamos tarde, y menos mal porque ellas no aparecieron hasta bien tarde.
Todo empezó a las 20:30, con mis diez minutos de tardanza habitual (pero justificados), ya se sabe lo bueno se hace esperar…
Llegué a Unamuno, donde había quedado con mi pequeño y querido Neón, el pobrecito estaba aterido de frío, que penita me dio, él tan pequeño e indefenso, menos mal que tenía una buena cerveza en mano para ahogar las penas. Por una vez en nuestras vidas nos estiramos y dejamos la ya habitual lata de San Miguel por algo que mola de verdad, la Heineken. Resguardados contra nuestro hogar/contenedor nos bebimos un par de cervecillas mientras veíamos pasar gente muy rara hacia la Fever, tuvimos miedo, eran un montón de pijas, al fin llegó un taxi con gente normal, bien, no seríamos los únicos de nuestra especie.
A mí tanto pijerio me tenía desconcertada, así a horas tan tempranas todo era tan diferente... Ya al borde de la congelación nos metimos dentro, allí el pijerio se hizo aún más notable, definitivamente no entendía nada, así que me fui al baño a refugiarme. Por fin abrieron las puertas y todos al tropel nos metimos para adentro (esto de al tropel es sólo una mera dramatización). El padre de mi hijo-panda (algún día os lo explicaré
y yo nos situamos cerca de unas gentes de edad avanzada, estábamos perdidos y desorientados, la Fever tan vacía, esos camareros tan raros, tanto pijo por centímetro cuadrado… Empezó el concierto, y todo se aclaró en una sola frase: “Somos Dynamo, de Getxo”. Las piezas empezaron a cuadrar, eran unos pijos disfrazados de niños indies y todos aquellos eran sus amigos y sus respectivos papaítos.
Por primera vez en nuestras vidas hicimos algo cuerdo y nos fuimos a la barra (cada uno sabe el lugar que le corresponde en esta vida). Allí pasamos el tiempo, empezó el segundo grupo y los pijos se fueron diluyendo. Los siguientes eran “Líneas Albies” que si no hubiera sido por el estruendo que producían tal vez no hubieran estado mal, como nos sangraban los oídos nos volvimos a la barra. Durante este tiempo nos fuimos encontrando con esos ya míticos personajes Fever y haciendo amigos en el baño, que es algo muy divertido y enriquecedor.
Por fin llegó el momento, allí llegaron ellas, con sus tijeras, sus zapatos-micrófono, sus paranoias y sus pinturas flúor. Me gustaron, bailé, salté y llegué a la conclusión de que se les iba la olla (algo que ya sabía y que me parece estupendo).

Terminadas las Chicks on Speed nos marchamos de allí, habíamos quedado. Camino del metro nos encontramos con una multitud de estudiantes universitarios alcoholizándose, y algunos ya alcoholizados, porque claro, había fiesta universitaria (realmente eso es todo un mito, tanto como las fiestas Erasmus, está todo demasiado exagerado, tú te crees que aquello es como Sodoma y Gomorra y para nada… ). Bueno, yo quería irme de allí lo más rápido posible, tenía miedo, éramos unos extraños entre aquella gente. Una especie de…, de no sé qué, vino corriendo hacía mí y me dio un cachete en el culo (he de decir que me dolió
, y se puso a gritar emocionado, yo me giré y creo que le grité algún improperio, bueno, creo no, se lo grité. Me alegré mucho de no ser tan gilipollas como ellos.
Por fin llegamos a Bilbao y nos juntamos con N, M, R y C. Buscamos un bar abierto y allá fuimos, un antro de frikis… gente muy rara, pero bueno había kalimotxo barato que es lo que importa. Luego fuimos al Azkena y yo llegué al orgasmo musical gracias a un temazo de los Kings of Leon que me pusieron (que fácil de contentar soy, con una canción ya me tienes ganada). Nos enamoramos de un argentino, y muy a nuestro pesar nos tuvimos que marchar de allí. La gente nos abandonó, y me fui bien acompañada por dos señores, Neón y Ricardo, al Badulake, donde conocimos a la que será durante mucho tiempo una mujer difícil de olvidar, me abstendré de describirla por aquí, pero todo aquello quedará para siempre grabado a fuego en nuestras retinas y nuestras inocentes mentes. Allá estuvimos un buen rato, rompiéndonos con la cantidad de temazos que nos pusieron, hasta que llegó la hora de ir para casa, dormir unas pocas horas e irse a trabajar.

El sábado, al borde de la muerte llegué a mi hogar después de un día de duro trabajo, decidí que no iba a salir y me fui al video club a por alguna cosilla. Me decidí por “Los Padres de Él”, típica comedia de fácil visualización, perfecta para esos momentos de vegetación en el sofá, a continuación tocó “El Jovencito Frankenstein”, mítica peli que había que recordar, sembrada de grandes momentos de la mano de Igor. Desfallecida me marché a dormir, para despertarme con la noticia de que durante la noche habían puesto una bomba muy cerca de mi casa, yo ni me enteré, mi pueblecillo estuvo y sigue estando sobrecogido por la noticia, es lo que tienen estas cosas… El domingo volvió a tocar día cinéfilo con “Salvador”, hacía mucho (o tal vez nunca) que no había llorado tanto con una película… me gustó mucho y creo que es altamente recomendable (en mi opinión, y también en la del señor del videoclub, que se emocionó al ver que la alquilaba, y hasta me habló, que ahí son algo bordes).
Y así hasta hoy, os dejo, que desde aquí escucho a Bob Esponja con mi sobrina (por fin, después de tres intentos de instalación Imagenio ha llegado a mi hogar, sí!!!). debeis de saber que idolatro a Bob Esponja.