Queridas amigas, lectores, oyentes y oyentas, llegados a este punto el cuerpo me pide presentaros a mi familia, y además lo creo conveniente. Para nada es una familia convencional, de esas que acuden a manifestarse por chorradas varias a lugares diversos.
Sé que la curiosidad os está recomiendo las entrañas, pero tranquilos que ya mismito os cuento el por qué de la extraña familia. Muy sencillo hijos míos, el señor Neón Rosáceo y yo el 23 de octubre del año pasado fuimos padres de un hijo-panda, por primera y seguramente última vez. Nuestro chiquitín es monísimo y además bicolor, algo peludito, pero no nos importa, le queremos igual, aunque por razones que no vienen a cuento ahora mismo la custodia la tiene una de sus titas. Por eso mismo estamos muy apenados, es muy cruel separar a unos buenos padres de su criaturita, a él le gustaban mucho esos bibes de vodka que le preparaba mi cuasimarido y estaba encantado con los buzos de lentejuelas moradas que le ponía yo para sacarlo al parque… Aprovecho para desde aquí hacer un llamamiento a esa desalmada que nos lo quitó; porque su otra tita, la Olivia_flash nos apoya a tope, ella que fue quien me ayudó en el parto del yate, quien me secaba los sudores (por todo lo demás fue un parto limpísimo, sin nada de sangre ni cochinadas de esas, algo de pluma y listo) , quien me ponía la mascarilla en la boca y el teléfono en la cabeza (sé que os parecerá todo un sinsentido, pero para comprenderlo tendríais que haber estado allí ). Pues eso, que la tita Olivia quiere que vuelva, que ella le tiene mucho cariño, casi tanto como a nosotros, y está deseando introducirle en el arte del buen kalimotxo y en nuestra vida perversa, de alcohol y desenfreno.
Sé que os sonará raro que dos personas humanas y decentes como nosotros hayamos tenido un hijo, y panda, ni más ni menos. Quiero que desterréis de vuestras mentes enfermas cualquier tipo de depravación, o historia mitológica relacionada con un toro y la mujer de algún rey vuelta medio majareta por algún Dios con ganas de incordiar. Lo mío fue mucho más sencillo.
En uno de nuestros innumerables viajes por los destinos más exóticos y salvajes del planeta nos fuimos para la Conchin-China, y sin saber muy bien como, llegamos a una isla paradisíaca y semidesierta salvo por la presencia de una tribu de morenos hamaqueros gustosos de servirnos y de atender a nuestros más bajos instintos.
Un buen día, después de la mayor fiesta imaginable, de habernos bebido todo lo bebible y de algún que otro tipo de sustancia alucinógena que nos hacía sentirnos las reinas del mundo con medio coco en cada teta y un taparrabos de piel de serpiente; nos despertamos en medio de un paraje desconocido, semidesnudas (a no, que así ya íbamos) y con una resaca descomunal.
Yo fui la primera en abrir los ojos, y cegada por la luz alcance a distinguir una treintena de hombres y mujeres desnudos y postrados ante mí, a lo lejos pude ver a Neón, pero de Olivia ni rastro. Al principio pasé miedo, podían hacernos cualquier cosa, nosotros, allí indefensos, con la capacidad de movimiento mermada considerablemente por la ingesta de alcohol de la noche anterior, además, que tampoco era plan de montarse una orgía multitudinaria sin la presencia de la Olivia, primero la buscábamos, descansábamos, y ya si eso, pues…
Pero mira oye, que por primera y única vez en nuestras vidas aquella gente que allí había no quería sexo con nosotros. Era algo incluso mejor, el chamán de la tribu había tenido una visión en la que un buen día un trío de extranjeros llegaría, a parte de para adoctrinarles en una vida de lujo y glamour, para que una de las dos mujeres (a quien ellos creían la reencarnación de la diosa de la fertilidad) diera a luz al enviado, a quien les salvaría de la inminente destrucción de su poblado, devorado por una incontrolable masa de bambú, según las profecías del brujo.
Según la visión del chamán, de las dos mujeres enviadas, la elegida sería la más alta y con mayor volumen capilar, y la otra la encargada de que todo saliera bien durante el parto, mientras que el hombre sería el protector de ambas.
Cuando logré incorporarme la multitud estalló en vítores y bravos, me alzaron en volandas y me llevaron a una cabaña, donde me honraron durante un par de horas y me agasajaron con todo tipo de exquisiteces. Mientras, Olivia y Neón estaban en otra cabaña donde les hacían lo propio, pero a menor escala, que para algo la elegida era yo, hombre… Al de un rato empezaron a purificarme y a vestirme para el “gran ritual”. Me lavaron, me exfoliaron, me hicieron la manicura y me vistieron con unos ropajes blancos semitransparentes que únicamente dejaban al desnudo mi ombligo.
Llegada la hora del “gran ritual” me subieron a un trono de bambú y flores y me llevaron a un altar de mármol, donde me tumbaron. Neón y Olivia, también muy guapos ellos, quedaron postrados, uno a cada lado, mientras el chamán comenzaba a entonar unos cánticos guturales, invocando a vete tú a saber quién.
De pronto, el cielo se abrió, y un rayo de luz descendió hasta mi ombligo, durante más o menos 20 segundos (eso si que es rapidez) , luego se apagó y me hicieron levantarme. Parece ser que su Dios es una sex machine con un 100% de fiabilidad en preñamientos divinos.
Para reponer fuerzas nos invitaron a un suculento banquete, y allí que estábamos, comiendo y bebiendo, haciendo unas risas, porque no os podéis ni imaginar lo majetes y campechanos que era. En un momento dado Neón dijo que se iba a echar una meadita, que con tanto brebaje mágico de ese que nos daban…, que uno tiene sus límites, ya sabéis. Neón, muy educado él se excuso y se levantó, no sin antes darle una palmadita en el hombro al chamán; fue darle la palmadita y al tío se le empezaron a poner los ojos en blanco y a hablar en un idioma raro, total que el colega estaba teniendo otra visión. Veía otro modo más rápido de acabar con la amenaza del bambú. De esos tres extranjeros, el único macho, además del protector de las damiselas era el portador de una sustancia divina capaz de exterminar cualquier plaga. Así que nada, el pequeño Neón con una meadita lo arregló todo, y yo en cambio tuve que pasar por un preñamiento, una gestación y un parto, que duraron la friolera de 3 días (que las cosas divinas van muy rápido, ya sabéis).
Como nos estaban tan agradecidos nos dejaron llevarnos a nuestro pequeño en vías de nacimiento. Pero claro, ¿dónde iba yo con un hijo sin padre por el mundo?, así que Neón lo adoptó. En el fondo el chamán no se equivocó con la primera visión, Olivia me ayudó en el parto y Neón se convirtió en nuestro protector. Y así hasta hoy.
La historia de la cuasi-boda otro día, porque en el fondo somos unos conservadores, y aquí, hijos fuera del cuasi-matrimonio los justos.
Tranquilos, si os portáis bien os invitamos.